El río San Diego corre impasible por la Sierra del Rosario en el campo de Vueltabajo. En medio de estas montañas el senador José Manuel Cortina sentó las bases de su latifundio en los primeros años del pasado siglo. Fueron miles de caballerías de tierra dedicadas al cultivo de tabaco, la producción de café, la siembra de encinos, cítricos, frutales y la cría de caballos, ganado vacuno y cerdos.

La Güira constituyó la primera de las haciendas que adquirió el político en el municipio Los Palacios. En el pintoresco paisaje edificó jardines ambientados con esculturas de mármol de Carrara y leones de bronce. Construyó además un lago artificial con atracaderos y puentes, ideal para la navegación de pequeños botes.
De viaje por este sitio, investido hoy como Parque Nacional, el viajero se sorprende ante la portada medieval de la hacienda, hecha con piedras y materiales de la zona.

“Era Cortina hijo de una matancera y uno de Vizcaya y llevaba pantalones remendados cuando obtuvo su título de abogado. Desenredando litigios de viudas y cobrando comisiones se hizo de estas tierras. Mucha fue su ambición”, explica Anadeylys Chávez, una de las guías del recinto. “Cultivó la oratoria, viajó por medio mundo aprendiendo de otras culturas. Llenó este parque con plantas y aves exóticas traídas de las selvas americanas”, continúa diciendo la senderista.

La casa principal, que habitaban el senador y su familia, era de pinotea y piedra. Tenía dos plantas y15 habitaciones. De ella solo quedanruinas, donde los visitantes se asoman con sus lentes llevándose a casa fotos increíbles.

Quienes visitan este sitio histórico, investido hoy como Parque Nacional,pueden refrescar su piel en una piscina natural o simplemente deleitarse con la belleza del parque francés, el vergel japonés, el pequeño paseo de Versalles y la pagoda china donde Cortina solía meditar a solas rodeado por tapices de oropel manchú, cojines de seda y esculturas a tamaño natural de un buda y un guerrero mongol de la época de Gengis Kan. Las citadas edificaciones fueron ejecutadas por maestros de obra asiáticos y europeos.

Por: Susana Rodriguez Ortega