Ubicado en la Sierra de Quemado, en medio del Valle de Viñales, un gigantesco laberinto de piedra seduce a visitantes nacionales y foráneos: con más de 46 kilómetros de galerías, la Gran Caverna de Santo Tomás combina historia y leyenda, caos y equilibrio, luz y penumbra, para lograr una armonía casi perfecta.

Considerado como el sistema de cuevas más importante del país y el más grande de Centro y Sudamérica, el sitio debe su nombre al río Santo Tomás, cuyos afluentes erosionaron la roca hasta dar paso a una intrincada red de galerías de ocho niveles, que comunican a más de 50 grutas a través de pasadizos abiertos en las paredes de los mogotes.

Entre las cuevas más famosas destacan “Escarlata”, reconocida por la exótica belleza de sus rojizas formaciones cristalinas; “Increíble”, de cuyo techo penden cientos de puntiagudas estalactitas; y “Mesa”, que ampara un gran mural de enigmáticos petroglifos, dibujado por los primeros habitantes de la zona.

Sobresalen también los llamados “hoyos de montaña”, cuevas cortadas por desplomes de los techos, en cuyo interior crece una vegetación exuberante.

En 1984 se constituyó en Santo Tomás, la Escuela Nacional de Espeleología, que una década más tarde tendría alcance internacional, contribuyendo a la formación de miles de exploradores de Cuba y el mundo.

Los amantes de la naturaleza encontrarán en este sitio, una profusión de fósiles prehistóricos y exclusivas especies de la flora y la fauna cubanas. Asimismo, las huellas del indio y del cimarrón dotan a la caverna de una rica herencia cultural.

Las extraordinarias formaciones de estalactitas, helictitas y estalagmitas, y los extraños accidentes rocosos, se combinan para dar paso a un atractivo paisaje, ideal para los visitantes intrépidos que se dejan llevar por sus instintos, la mejor manera de conocer la Caverna.

por: Victor Manuel Blanco