En lo más recóndito de la Sierra del Rosario, en la zona de Soroa, emerge una joya de la geografía artemiseña: el Jardín Botánico Orquideario de Soroa, que custodia incalculables tesoros de la riqueza biológica y paisajística de la región.

Declarado “Patrimonio Nacional” en el año 1961, el Jardín es un centro científico-productivo de la Universidad de Pinar del Río, que permite la preservación y disfrute de la naturaleza, así como la conservación de las orquídeas cubanas.

Su construcción se remonta a la década del 50 del pasado siglo, cuando el reconocido abogado de origen canario Tomás Felipe Camacho decidió edificar una casa de descanso, bautizada con el nombre de “Pinilla”, en honor a Pilar, su pequeña hija fallecida.

Hasta el lugar trasladó Camacho su extensa colección de orquídeas y su morada se fue convirtiendo, poco a poco, en un sitio de notable interés para naturalistas y amantes de la flora endémica y exótica.

En sus 35 mil metros cuadrados, el espacio acoge hoy la mayor variedad de orquídeas en el país, con más de 20 mil ejemplares de unas 700 especies, distribuidas sobre plantas vivas y en nueve umbráculos destinados a su reproducción. En el orquideograma, décimo pabellón del parque, las orquídeas florecidas deleitan al visitante por su exquisitez y elegancia.

Entre los principales atractivos del paisaje se destacan la Vanda teres u orquídea morada, la Prosthechea cochleata u orquídea negra y la Encyclia phoenicia u orquídea de chocolate; a las cuales se suma el raudal de crotos, begonias, anthuriums y otras especies de la horticultura cubana, todas de gran valor científico y ornamental.

El Orquideario forma parte de las redes nacional y caribeña de Jardines Botánicos, y cuenta con una de las principales bibliotecas del continente especializadas en orquídeas.

Cada año, miles de turistas nacionales y extranjeros visitan el recinto, seducidos por la belleza de sus colecciones y la experiencia inolvidable del contacto con la naturaleza.

por: Victor Manuel Blanco