Con un ambiente acogedor, la Catedral de Pinar del Río ofrece a los visitantes el deleite de la tranquilidad de sencillas obras de arte.

El inmueble de un estilo ecléctico y un pequeño anfiteatro semicircular que recuerda el Coliseo romano se inauguró el 23 de marzo de 1883.

La edificación actual obtuvo el título de catedral en 1903 posee una apariencia sencilla y discreta de tipo tablero, decorada muy sobriamente.

Su fachada la distingue un amplio portal donde se levantan cuatro columnas de sección circular y proporciones dóricas pero su fuste liso evoca el orden toscano.

Compuesta por una nave central más amplia, dos laterales, su sentido espacial de latitud más que de altitud la sitúan más próxima al neoclásico con algunas evocaciones de estilo barroco.

Se definen paralelamente en el interior de la Catedral: el atrio, la nave central y a la derecha el acceso al campanario.

En los vanos aparecen cuatro vitrales de impecable factura ubicados al inicio y final de los muros con imágenes de la Asunción de la Virgen, la Caridad del Cobre, la Aparición de Cristo y la Inmaculada Concepción de María.

Otras de las imágenes más significativas en el interior son el Cristo de Pinar del Río y San Rosendo al centro del retablo esculpido en esculpida en madera y revestido con ropa enyesada y es la única imagen de este santo en pie.

A la derecha del altar mayor se encuentra la imagen de San José, traída directamente de España y a la izquierda la Virgen de la Caridad de tamaño original con respecto a la que se encuentra en el Cobre.

Aunque no sirvió de mecenas a los artistas plásticos, como en Europa y el resto de América Latina, el recorrido por sus salas resulta agradable para quien guste del arte.

Para visitas: Calles Gerardo Medina & Ceferino Fernandez, Pinar del Río (“22.41357, -83.69706”). Acceso libre diariamente.

por: Elizabeth Colombe Frias