Casi toda persona que visita Cuba se siente atraído por sus encantos: Tabaco, café y ron. Pero, ¿dónde adquirirlos? ¿dónde degustarlos y conocer sobre su historia? Diversos lugares ofrecen esta posibilidad sin riesgo de imitaciones. Este es el caso de la Real Fábrica de Tabacos Partagás. Una construcción ubicada en la calle Industria, Centro Habana, al fondo del Capitolio habanero. El año 1845, en la fachada de la fábrica, señala la fecha de fundación de la marca de cigarros Partagás. Este edificio fue su sede desde principios del siglo XX en medio del auge que experimentó la industria tabacalera. De estilo colonial, es la más antigua fábrica de tabacos de Cuba y para el aficionado al cigarro, una visita imprescindible.

La “Flor de Tabacos de Partagás” es una de las más antiguas marcas de La Habana. Desde sus inicios, Partagás ha acumulado un gran prestigio, por sus habanos fuertes y con aroma gran cuerpo. Poseen más de cuarenta modelos registrados en catálogo, al menos veinte de estos modelos son considerados de calidad superior, como los Lusitanias y los Robustos.

El proceso de producción del tabaco cubano es apasionante. Comienza por ser cultivado en los campos de Cuba. Los campesinos dominan a la perfección el arte de cosecharlo, secarlo, conservarlo y torcerlo. Ellos están dispuestos a hacer una demostración de la elaboración del tabaco. Las fabricas reciben el producto para darle el terminado.

La Real Fábrica de Tabacos Partagás produce casi la mitad de los cigarros fabricados en La Habana. La otra mitad se distribuye entre otras cinco fábricas. En la tienda de la fábrica pueden comprarse y degustarse diversos tipos de habanos y también comprar diversos suvenires. Próximamente se espera reiniciar los recorridos por el interior de la fábrica para que los visitantes presencien el proceso de elaboración a mano y conozcan la historia del tabaco en Cuba.

Para visitas: Calle Industria, número 520 entre las calles Dragones & Barcelona, Centro Habana, La Habana (“23.14126, -82.36083”). Acceso libre diariamente.

por: Leunam Rodríguez