Atravesar los 150 metros de la Caverna de José Miguel, en el Valle de Viñales, permite al visitante retroceder en el tiempo hasta llegar a la Cuba del siglo XVIII y entrar en contacto directo con la rica herencia legada a nuestra cultura por el llamado “continente negro”.

Creado a inicios de la década del 90, El Palenque de los Cimarrones constituye una suerte de museo viviente que hilvana, entre leyenda e historia, el paso de los afrodescendientes por el occidente cubano.

Este paraje sui géneris acoge la réplica de un asentamiento de esclavos rebeldes: trapiches, improvisadas camas de yagua, almohadas de hojas de plátanos, pipas de barro y otras manufacturas artesanales recrean la vida del cimarrón en escenarios agrestes.

En los alrededores se alza un curioso restaurante que exhibe la estructura simétrica de caneyes abiertos con techo de guano, instalados a la usanza de las antiguas aldeas africanas. Con capacidad para 160 personas, el establecimiento se especializa en comida criolla y se distingue por el mítico coctel “Oshún”, cuyo nombre rinde honor a la patrona de Cuba.

Cantos, danzas, redobles de tambores y otras representaciones de la cultura africana acompañan la velada en el recinto, que rescata y revive la época de la resistencia esclava en Vueltabajo.

Devenido como un destino privilegiado en La Ruta del Esclavo, gustada oferta de turismo cultural en el país, El Palenque es visitado anualmente por miles de turistas nacionales y foráneos, que se acercan atraídos por el encanto y la vitalidad de la huella africana en la historia de la Isla.

por: Victor Manuel Blanco