Rodeada por el misticismo de historias de corsarios, navíos encallados y tesoros escondidos, la playa María la Gorda deleita por sus aguas transparentes y tranquilas, por la incalculable belleza de sus arrecifes coralinos y por la heterogeneidad de especies que la habitan.

Aunque no existe una sola versión de la llegada de María, la gorda, al extremo más occidental de Cuba, el imaginario popular coincide en asociarla a una mujer voluminosa que se estableció siglos atrás en las inmediaciones de la península de Guanahacabibes, para convertirse en filibustera y traficante de comida. A ella debe su nombre una de los principales polos turísticos del país.

Entre los principales atractivos de la zona se destaca el hotel Villa María la Gorda y su centro internacional de buceo, que cuenta con más de 50 sitios de inmersión en los que el visitante podrá sumergirse hasta 35 metros de profundidad y observar grandes formaciones de coral negro, tortugas marinas, algas, mantarrayas, morenas verdes, carajuelos y otra gran cantidad de especies de la fauna marítima del Caribe.

Además del buceo contemplativo, nocturno y en pared, se practica pesca de fondos y altura, turismo ecológico y deportes náuticos.

Miles de viajeros llegan cada año para explorar el paisaje, cautivados por la belleza del lecho marino y el sueño de descubrir los restos de antiguos galeones españoles hundidos en la región.

La calidez de la playa, sus hermosas formaciones coralinas y una selva tropical virgen donde se aprecia una variada floración de jocumas, majaguas y caobas, entre las que conviven jutías, iguanas, loros, venados, tocororos y cotorras; hacen de María la Gorda un destino obligado para quienes añoran el contacto con la naturaleza, la leyenda y la historia.

por: Victor Manuel Blanco