¿Qué mejor forma de conocer Cuba que en el asiento trasero de un “almendrón”? Estos automóviles, cuyo peculiar nombre proviene de su parecido con una almendra gigante, parten cada mañana hacia los más variados destinos de nuestra geografía.

Una enorme flota de Fords, Pontiacs, Chevrolets, Dodges y Cadillacs transporta diariamente a un segmento considerable de la población cubana, a la vez que participa en fiestas, recorridos y circuitos para visitantes foráneos.

Conducidos por simpáticos choferes devenidos en auténticos guías de turismo, estos vehículos de mediados del siglo XX ruedan en perfecto estado por las principales arterias del país, garantizando el confort de los clientes más exquisitos.

Los llamados autos vintage constituyen joyas automovilísticas y patrimoniales de incalculable valor: desde su proliferación en la década del 90, los “almendrones” han pasado a ser parte de la identidad nacional.

Un halo de exotismo y seducción envuelve a estos vehículos, museos rodantes capaces de burlar los avatares del tiempo y cautivar al visitante con su encanto peculiar.

Viajar en “almendrón” constituye una oportunidad para revivir la época dorada del automóvil americano y disfrutar las esencias de la cultura cubana, sus múltiples expresiones, su vitalidad y su encanto.

 

por: Victor Manuel Blanco